PRIMERA EXPEDICION ARQUEOLOGICA (Diario de Campo del Grupo Sabaneque)

(Operación Undoso 1976)

       El 1ro de Agosto de 1976 partimos un grupo de 4 personas en los que denominamos; “OPERACIÓN UNDOSO” que consistiría en explorar durante diez días el tramo comprendido entre la escalinata del Parque “El Pelón” de Sagua y la desembocadura en Isabela. Los integrantes éramos: Rafael Jiménez, Lázaro Daniel, Guillermo Morales y yo (luego nos visitaría por tierra Urbicio, Migue y Alfredo, que participaría con nosotros en la última exploración del día 10 de Agosto). Inicialmente teníamos el objetivo de explorar durante el día e instalar el campamento donde nos sorprendiera la noche, pero más tarde decidimos instalar el campamento central en la herradura de El Júcaro y desde allí organizar expediciones diarias con menos carga hacia ambos lados en grupos de a dos.

     Aquella hermosa mañana el clima estaba a favor nuestro, José Antonio nos había dado el informe del tiempo, quedaba poca malanguilla lo cual nos facilitaría el avance, algunos amigos del grupo Sabaneque fueron a ayudarnos a cargar el pequeño bote de motor “Inés” que nos habían prestado en la Isabela y después de probar en bote con unas vueltas a todos los presentes, en la misma escalinata del río se hizo la carga de catres, faroles, cajas de comida, combustible, mochilas personales, entre otra gran cantidad de artículos que nos alarmó porque el pequeño barco quedó sin un solo espacio para caminar. Algunos “sabaneques” quedarían en Sagua pero otra parte del grupo partiría con Alfredo dentro de dos días para explorar otras áreas de la región Sagua, entre los que estaban José Santos y Fidel Roche. Una gran cantidad de amigos sagüeros concurrió a la escalinata para despedirnos y celebrar a la vez aquel gran acontecimiento “La Primera Expedición Arqueológica de Sagua La Grande” y lo hicieron con algunos tragos de ron, entre ellos el Cuco (nuestro primer fotógrafo), Carlito Cruz, el Gobio y Gustavo Pérez Huet; bromeamos que solo faltaba la banda municipal y nos despedimos de la muchedumbre reunida en el improvisado atracadero del  río.

  Salimos de nuestro Rincón Martiano a eso de las 10 de la mañana  y con lento avance pues la carga era demasiada y no podíamos movernos apenas por temor a que se nos volteara fácilmente por lo que nos demoramos mucho en llegar a Santa Ana donde decidimos detenernos a almorzar y de paso darle un vistazo al terreno durante el resto de la tarde. Allí pudimos localizar el fundamento del antiguo ingenio colonial “Sana Ana” y nos extrañó mucho el constatar que aun existía gran parte de su viejos hierros, argollas, palancas y mecanismos aunque en alto grado de oxidación, decidimos entonces amontonar toda esta herrería para así tirarnos una foto con lo que quedaba del legendario ingenio azucarero. Fuimos los últimos pasajeros del siglo XX en verlo pues tiramos los restos al río para poder limpiar el área de excavaciones y nos dimos a la tarea de excavar lo que nos parecía un montículo arqueológico que luego resultó ser en extremo interesante pues existían evidencias irrefutables de transculturación. Muchos de los instrumentos indígenas que encontramos estaban muy mezclados con bella cerámica europea y parte de la vajilla colonial encontrada fue armada posteriormente en mi casa donde uno de estos rompecabezas nos dió un plato casi completo y una caneka de vino, entre otros objetos del viejo mundo que aun conservamos en nuestra colección privada (donde la joya principal es una cachimba española con la talla de una sirena en su parte frontal como se tallaba en ocasiones en las proas de los barcos). El sitio lo bauticé como “Santa Ana A” y está ubicado casi al borde de la bajada hacia el río en el mismo centro de la antigua demarcación de la finca. Años después nos enteramos que el dueño de la finca, nuestro actual amigo el gallego Martínez, vió la excavación nuestra y pensó que se trataba de una botija de oro que habían sacado y se quejaba constantemente de no haber sido él quien la descubriera.

Aquel día fue de mucha alegría para los exploradores pues, no habíamos apenas comenzado la expedición y ya teníamos el segundo sitio arqueológico del río Sagua la Grande